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B i t á c o r a  d e l  V i a j e  A r a i r a – L a S a b a n a ( M a y o 2 0 0 3 )

Segunda parte día 04/05/03

Segunda parte día 04/05/03

* . V i e r n e s, 02 de mayo . *

        Me reuní con mi amiga Elaineth Gabriela en la Universidad Central de Venezuela muy cerca de las 7pm. En el trayecto a Araira ella me iba informando sobre lo que conocía del grupo que nos iba a acompañar en ésta excursión; innovadora para mi, ya que sería mi primera travesía de fin de semana dentro de la categoría Media-Alta montaña (ésta clasificación me la aclararía Víctor luego). Llegamos a eso de las 9pm al lugar de encuentro en Araira, el Centro de Computación del guía experto bien llamado Bruno, con experiencia en campamentos y vida de excursionista, certificada entre otras cosas por haber pertenecido al grupo G.I.D.A. de la Facultad de Ingeniería de la U.C.V. (esto también lo conocería luego). Los primeros en darnos la bienvenida fueron Víctor y Carlos Luis (con caras de hombres serios), entre los guías, y los chicos de la UNEXPO, David y Manuel. Luego llegó el anfitrión Bruno ( no, no se trataba de Bruno Díaz), que con su carácter sereno y amigable me ayudó a desconectarme de la vida cotidiana que había dejado, para emprender ésta extraordinaria aventura (muy al estilo National Geographic). Al poco rato se escuchaba una anímica y vigorosa voz, era Lili (quien nos animaría durante el viaje hasta en algunos momentos de mayor cansancio) que comandaba el grupo completado por una interesante pareja María y él, conocido por algunos (después de algunos kilómetros caminados montaña adentro) como el Suizo. Pero ésta historia no estaría completa sin la persona que llegaría unos minutos después, sonriente claro está (el apodado por algunos como Tripita), Johann.

        Como parte de una bienvenida completa, realizamos una corta y concisa travesía por el poblado de Araira, cortesía de los chicos Clexar (nombre dado a este grupo formado sin fines de lucro cuya característica común se basa en la pasión por descubrir y disfrutar los misterios de la naturaleza).

        Luego de compartir una amena conversación empezamos a prepararnos para descansar y así, reunir suficientes fuerzas para el viaje que habíamos decidido emprender. Bruno, muy amablemente, nos ofreció su casa para hospedarnos y su familia completaba el cuadro de solidaridad.

* . S á b a d o, 03 de mayo . *

        Nuestro día comenzó a las 5:30am. Bruno me prestó un aislante que, amablemente, terminó cargando por mí. Los chicos de la Unexpo se mostraron animados. Víctor fue el primero en probar los sándwichs que habíamos preparado Ela y Yo. Preparando los bolsos y con desayuno muy ligero (el mío incluía un rico café con leche cortesía de la familia de Bruno, que agradeció mi estomago después) salimos hacia la parada de Araira a las 6:30am. Luego de tomarnos nuestras primeras fotos partimos en los autobuses que nos dejarían en El Rodeo.

        Al llegar, caminamos unos metros en dirección al piedemonte donde encontramos un jeep que nos llevaría hacia el punto de partida de nuestra travesía a pie.

        Debido a la capacidad limitada del jeep, nos dividimos en dos grupos (éramos nueve personas). Pasando cerca de un caserío llamado El Bautismo, nos dejaron unos kilómetros más arriba. Empezamos la caminata a través de una zona agrícola. Transcurridos unos 10minutos llegamos a un sitio donde se ubicaba un tanque de almacenamiento de agua, donde aprovechamos a descansar.

        Cuando reanudamos la caminata ésta duró aproximadamente 3horas antes del próximo descanso. Fue este tramo el que mi cuerpo sintió como el más exigente de todo el trayecto. Bien, porque estaba entrando en calor o porque las empinadas colinas nos retaban como para ponernos a prueba; por supuesto, los expertos Víctor y Bruno disfrutaban de nuestras reacciones ante semejante reto. Pero la recompensa estaba en disfrutar de un exuberante paisaje.

        Aún no sé con certeza si se trataba de una técnica para animarnos durante el recorrido, pero se nos llegó a prometer atravesar “Caminos Reales”. Pues a mi se me hicieron más fantasía que realidad. Aunque sólo la idea de descubrir una “morocota”, me ayudó a mantener la esperanza de visitarlos en un próximo viaje.

        Un dato curioso es que, en cada corta parada que realizábamos para recuperar energías, bebíamos agua y probábamos el “pan dulce”. Esto afectó a algunos compañeros disminuyendo su rendimiento en la caminata debido a “la bola e’masa” en sus estómagos.

        Después de recorrer unos cuantos kilómetros, justo antes de llegar al campamento, pisamos la cumbre de una suave ladera llamada Topo La Burra, desde donde el paisaje que disfrutamos podía llenarnos el espíritu y permitirnos recuperar el aliento. Algo así como que las montañas de Araira intentaran abrazarnos y, al mismo tiempo, empujarnos hacia el mar, al norte (la tan ansiada meta). Para este momento sentí que faltaba mucho menos de lo que parecía para llegar a la costa en la región de “La Sabana”.

        Al fin llegamos a la zona donde levantaríamos el campamento, donde dudamos quedarnos por unos momentos, debido a la escasez de agua en la zona. En consecuencia, conformamos una “comisión” para confirmar la existencia del tan ansiado líquido. Entre los encargados se encontraba el futuro ingeniero Manuel, quien supervisó una diminuta represa que se realizó para aprovechar el agua subterránea, que emanaba a unos cuantos metros del campamento.

Pudimos cocinar y recargar nuestras cantimploras, gracias a las tabletas de Acuatabs suministradas por nuestro amigo el suizo quien, además, se encargó de registrar la ruta recorrida durante toda la travesía, en su interesante GPS.

        Ya caída la noche, nos encontrábamos reunimos frente a la carpa de Ela. Empezamos por realizar juegos para amenizar la reunión, luego vinieron las adivinanzas y seguimos con chistes. Después algunos prefirieron ir a descansar mientras otros albergábamos la esperanza de darle la bienvenida a Carlos Luis y a Johann antes que nos venciera el sueño. Ellos habían acordado alcanzarnos al anochecer del sábado. Bajo esa excusa mantuvimos una interesante conversación por varias horas. ¡Claro! De vez en cuando Elaineth demostraba su ansia porque llegaran los chicos con su conocida frase ¡¡¡Tripitaaa!!!. Esto sucedía al escuchar cualquier ruido lejano que asemejara pasos y voces. Convencida mi estimada amiga de que se reunirían con nosotros esa misma noche, nos convencía a nosotros con su grito de guerra.

* . D o m i n g o, 04 de mayo . *

        Como muchos supondrán nos quedamos dormidos esperando a los osados chicos. Y al amanecer algunos suponían que estaban a punto de llegar al campamento. Por supuestos, los tan esperados héroes llegaron, cuando teníamos al menos una hora de caminata al comenzar la mañana del domingo, y cuando ya estábamos casi convencidos de que no llegarían. Antes de partir, nos preparamos con un nutrido desayuno.

        Al poco rato de comenzar la caminata matutina, nos llevamos una gran sorpresa cuando nos dimos vuelta a cierta altura del trayecto y nos dimos cuenta que la mitad del grupo se había detenido (éramos cuatro personas las que nos habíamos adelantado). Al reunirnos nuevamente, nuestros compañeros nos informaron Que habíamos pasado a menos de 15cms junto a una “tigra mariposa”.

        Luego la vegetación se volvió más tupida y pudimos observar inclusive, unos maravillosos diseños en telarañas asemejando cestas. Mientras, Bruno iba realizando las fotografías durante el recorrido y el suizo registrando datos coordenados y de altitud en su GPS. También atravesamos zonas cuyo suelo se encontraba erosionado por el agua, permitiendo observar las rocas calizas que se encontraba por debajo de él, con marcadas huellas de escorrentía en ellas.

        Por fin, nos reunimos a descansar cerca de un arroyo, donde compartimos las observaciones hechas en este último tramo. Además, pudimos cruzar palabras con Carlos Luis y Johann, quienes se habían integrado al grupo muy animados. Algunos nos adentramos pocos metros dentro de la tupida vegetación y disfrutamos de un riachuelo acariciando las rocas calizas que nos habían servido de camino (es probable que existan formaciones kársticas dentro de ésta región).

        Después de refrescarnos continuamos la travesía. Ya la meta se encontraba cada vez más próxima. Nuestra última parada dentro del trayecto por las montañas la hicimos en una sencilla casa ubicada a un lado del sendero. Se comentó en el grupo la existencia de unas Pictografías del Período Indígena que, de ser posible, me encantaría llegar a conocer para un próximo viaje.

        Entusiasmados nos tomamos unas históricas fotografías para continuar, luego, el tramo final. Éste fue realmente semejante a una carrera de obstáculos. En el recorrido encontramos los bien conocidos “pegones” que a más de uno desesperaron. Pero también algunos pudimos apreciar a una hermosa pareja de mamíferos, de la familia de las marmotas, muy cerca del final de éste último tramo. El cansancio que ya nos invadía y la dificultad de algunos por problemas en rodillas y piernas, convirtió la llegada a la carretera hacia La Sabana en una verdadera Victoria.

        Al reunirnos nos tomamos otra tanda de fotografías y, ya más relajados, nos dirigimos hacia el poblado de La Sabana.

        Allí nos refrescamos y esperábamos que nos pasaran buscando unos amigos de los guías del grupo. Este transporte nos llevaría hasta Chuspa. Mientras, algunos disfrutaron de la playa de La Sabana (vista desde la montaña como una delgada lengüeta de arena).

        En Chuspa pudimos disfrutar de una hermosa vista playera hacia el oeste y un tranquilo río, como entregándose al mar en un descuido, al este.

        En éste enigmático paisaje comenzó la ineludible despedida entre algunos compañeros de viaje. En intercambio de e-mails y teléfonos no se hizo esperar.

        En una nota de reflexión, ha sido un viaje enriquecedor (no sé si habrá alguno que no lo sea). Por las personas que se tuvo la oportunidad de conocer y con la cual compartimos. Por el reto convertido en aventura, con la naturaleza como cómplice.

    Sonia

 


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